Desbloquear el móvil, sacar dinero de un cajero o pasar los controles de los aeropuertos, son algunos de las cosas que hoy en día ya pueden hacerse con un software de reconocimiento facial.

Una tecnología que levanta filias y fobias por igual, entre quien defienden su utilidad y los que la señalan como una pérdida de privacidad y de derechos.

San Francisco
San Francisco

En medio de la discusión la ciudad de San Francisco ha sido una de las primeras del mundo en dar el paso y prohibir el uso de estos sistemas. Y esta prohibición no es precisamente la tendencia hoy en día, ya que las cifras sobre su uso sigue creciendo cada año.

Amazon es buen ejemplo de ello con la utilización de un sistema que controle la entrega de la mercancía por el mensajero. El empleado tendría que hacerse una foto cuando entrega el paquete y mediante reconocimiento facial se compararía con los datos de la empresa para verificarla.

Los gobiernos también echan mano de esta tecnología para reforzar el trabajo de las fuerzas de seguridad. El parlamento europeo aprobaba recientemente la creación de una base de datos con datos biométricos de la cara o de la huella de los usuarios. Los datos de más 500 millones de personas ya están a disposición de los responsables europeos de las fronteras.

Los detractores de este tipo de tecnologías, alegan a una falta de ética por parte de los gobiernos y de las fuerzas de seguridad. Imágenes captadas sin que nos demos cuenta, combinadas con este tipo de tecnología suponen una invasión en la privacidad de los ciudadanos que no todo el mundo está dispuesto a aceptar. Esto sin contar con los numerosos errores que pueden darse por el fallo en estos reconocimientos y que podrían derivar incluso en la pérdida de libertad de una persona. El periodista de Forbes, Thomas Brewster demostró que era capaz de burlar este tipo de sistemas usando maquillaje o un nuevo peinado. Lo mismo sucedió con una cara hecha en una impresora 3D que el sistema reconoció como auténtica. Fallos que para muchas personas son un margen de error que no se puede consentir por las consecuencias que ello podría tener para las personas.

Al igual que todas las herramientas que la tecnología nos va ofreciendo, el uso que de ella se haga será la que determine que sea buena o mala. De momento la ciudad de San Francisco ya ha dictado sentencia en su contra, el reconocimiento facial no tiene cabida en esta ciudad.

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