Hacer la compra durante el estado de alarma, ver para creer

Desde que se decretó el estado de alarma, voy tan sólo una vez a la semana al supermercado. No soy ejemplo de nada, simplemente entiendo que es lo que debo hacer, para salvaguardar a los más vulnerables al virus que tratamos de combatir.

Ayer era un día de esos, pertrechada con la mascarilla, los guantes y mi inseparable carro de la compra me acerqué al Mercadona que tengo cerca de casa. A la entrada una guarda jurado, controla el aforo. Procuro ir a primera hora de la mañana o de la tarde, para no tener que hacer cola en la puerta.

Cajas de supermercado
Cajas de supermercado

Cuando entras, el proceso que desgraciadamente ya se ha convertido en rutina: coges unos guantes de los que se emplean para la fruta, los pones y con un trozo de papel con desinfectante, limpias la parte del carro que tienes que tocar. Y es, en este simple proceso, donde comienza a brotar dentro de mi, esa sensación de que como sociedad en ocasiones merecemos que nos pase todo esto.

Mientras cojo mis guantes, observo como la guarda jurado llama la atención a un señor que no se quiere poner los guantes porque dice que ya trae unos puestos y a una pareja que pretende entrar en amor y compañía al súper. Al mismo tiempo, los que salen, no guardan la distancia de seguridad porque tienen prisa por irse, así que se acercan a la papelera junto a la que estoy para tirar sus guantes. Hay que decir que la gente se pone los guantes y ya está, lo de desinfectar el carro con los medios que ponen a su alcance, es algo que ni siquiera contemplan. ¿Qué necesidad? Más de 21.000 fallecidos en España, parecen no ser razón suficiente.

Entro en el súper, la zona de la fruta es la ciudad sin ley. Da igual que tú estés cogiendo una fruta, nadie espera a que tú acabes no sea que te lleves la mejor pieza. Por su puesto, el que se encuentra con la vecina, no duda en echarse la charla al lado de la fruta expuesta. Una de ellas, por cierto, sin mascarilla.

Hago mi recorrido que suele ser el habitual, a la búsqueda de los productos que necesito todas las semanas y esos otros que el aburrimiento del encierro hacen saltar al carro sin remedio. Yo pecadora me arrepiento, cuando se acabe todo esto ya llegará mi condena.

Llega la hora de pagar, y entonces empiezas a observar que el concepto de productos de primera necesidad es algo que no todos entendemos de la misma forma. Un señor que lo único que lleva es una caja de cerveza, una chica con un bote de margarina, otra con cinco velas y una bolla de pan. ¿De verdad hace falta poner tu vida en peligro y la de los demás para ir solo por eso al supermercado? ¿Es que necesitamos que nos fiscalicen hasta la cesta de la compra para cumplir las normas? ¿Cuántas muertes más tenemos que tener?

En ese momento sólo puedo pensar en las empleadas y empleados del súper. Como día a día, tendrán que ver lo que yo acabo de ver, mientras trabajan con el miedo al contagio y lo que es peor para ellos, contagiar a sus seres queridos. Por supuesto, no se te ocurra decir nada, suele ser gente con una capacidad de autocrítica bastante limitada.

¿De qué valen los aplausos por todos esos profesionales que siguen en primera línea, si después no somos consecuentes con nuestros actos? Somos nosotros los que podemos hacer que todo esto acabe, nuestro comportamiento es esencial para que el coronavirus deje de expandirse entre la ciudadanía y pase a ser un mal recuerdo.

Deseo que cuando esto acabe, hayamos aprendido de algo. Ojalá nos convirtamos en una sociedad más comprometida, pero de verdad, no solo de palabra.

Hoy sinceramente, la indignación que siento por dentro, no me deja pensar de esa forma. Espero, que dentro de unos meses, pueda decir que me he equivocado.

1 comentario en “Hacer la compra durante el estado de alarma, ver para creer”

  1. Así pasa en todos lados, simplemente hay gente que no puede seguir instrucciones. Lo malo es que por ellos pueden pagar todos.

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