En su día nos sorprendimos al ver como aparecían en las estanterías de los supermercados vasos de café que con un sencillo mecanismo calentaban el café en unos segundos sin necesidad de usar ningún electrodoméstico y pudiendo hacerlo en cualquier lugar. También hace poco hablamos del Frigondas que enfría en muy poco tiempo cualquier cosa que metamos en su interior, justo lo contrario que hace un microondas. Porcierto, este último un invento cien por cien español.

Fizzics Sparkling Cold Brew Coffee
Fizzics Sparkling Cold Brew Coffee

Ahora nos llegan noticias desde Estados Unidos sobre latas que son capaces de enfriar ella solas el refresco, cerveza o café y en un tiempo record.

En principio estas latas han salido en un modo prueba, para poder comprobar como es la aceptación entre los compradores y así conocer si tiene futuro o simplemente no interesa.

Fizzics Sparkling Cold Brew Coffee

El supermercado elegido para este experimento es 7-Eleven, pero solo en una zona muy delimitada del área metropolitana de Los Ángeles en California.

Para ello, la cadena de supermercados ha lanzado una lata con café que recibe el nombre de Fizzics Sparkling Cold Brew Coffee, con una capacidad de 250 ml, que se enfría con simplemente girar la base de la lata un poco para que se haga una reacción con el CO2 que contiene y enfría el café en menos de 90 segundos reduciendo su temperatura en 30 grados con respecto a la temperatura de la que partía dicho recipiente.

Latas autoenfriables

La verdad es que a simple vista parece una idea genial y la verdad que muy útil, sobre todo para poder disfrutar de bebidas frías en ocasiones que podría resultar complicado mantenerlas a baja temperatura. Pero claro, no todo son ventajas y por ahora su mayor problema es el precio de este tipo de latas que dobla el de la misma bebida sin este sistema de enfriado.

Aun así, si estás dispuesto o dispuesta a pagar el doble por una bebida que se puede enfriar sola, seguro que este invento te va a gustar y dar buenos momentos.

También hay que reconocer que más de una vez en la vida hemos pasado por momentos que pagaríamos lo que fuera por poder beber una cerveza o un refresco bien frío y no ese que nos quedaba en la mochila que está más caliente que el palo de un churrero.

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